Día 14
Me desperté. Muy... muy cansado. Desayunamos unas barritas energéticas y zumos para deportistas. Nos dispusimos a partir en nuestro viaje, pero antes decidimos pasar por la comisaría en busca de armas y munición. Encontramos un par de fusiles Heckler and Koch MP5, munición abundate y unas escopetas M37... granadas, escudos... porras y cascos... queríamos llevarlo todo, pero no podíamos con el peso del equipo, así que nos llevamos un equipo ligero. También obtuvimos unas linternas bastante consistentes. Armados hasta los cojones tomamos la carretera principal en dirección Barcelona. Pasamos por el puente y echamos un último vistazo a lo que había sido nuestro hogar, nuestras calles, nuestra ciudad... bueno... la de Ájax no. Recorrimos los bellos paisajes del campo pre-pirenaico, viendo masías, casas de campo y establos. Nos paramos en un hostal rural, con unas bonitas vistas al río, unas mesas para comer y un establo con caballos, al parecer pura sangres. Perseo pregunto que por qué no utilizábamos los caballos como medio de transporte. La respuesta radicaba en que ninguno de nosotros sabía montar. Fuimos a dentro, a utilizar la cocina de leña. Perseo se quedó afuera cortando leña y yo estaba en la cocina cocinando mientras Ájax intentaba encontrar algo que encendiese la madera talada. Mientras cogía unos trozos de papel y un mechero, percibió un extraño sonido. Perseo entró y dejó la madera dentro del horno y Ájax la encendió y vio como de repente todo empezó a arder, contemplaba con orgullo la combustión, y se sentó en un taburete de madera. De golpe, unas manos surgieron de la oscuridad y atraparon su cuello. Empezó a gritar como un poseso. Perseo, recordando el incidente en la tienda deportiva, cogió un cuchillo encima de la mesa y lo lanzó. Se clavó en la mano que emergía de la oscuridad. Contento con su acierto, lanzó otro, que fue a parar al hombro de Ájax. "¡Mierda!" pensó Perseo. Con un espasmo, Ájax consiguió golpear una persiana que añadió luz a la habitación, por lo que conseguí vislumbrar que era lo que atacaba. Era una chica.. o antes lo era. Le faltaba parte de su cráneo, y se podia distinguir su cerebro, lleno de sangre, supurando un líquido blanco que probablemente era pus. Cogí la escopeta que estaba encima de la encimera y apunté. Apreté el gatillo... estaba sin cargar. Cargé una bala en la recámara y apreté el gatillo. Todos los cristales de la ventana reventaron, mis hombros se dislocaron con el retroceso... y la cabeza de ella explotó, impregnando a todos con sangre. Ájax cayó al suelo, exhausto de tanto forcejeo. Oímos unos cuantos gritos. Salimos por la puerta y vimos como 10 o 15 iguales que la chica de antes se aproximaban. Con la ropa desgarrada, la cara ensangrentada, los órganos por afuera... y tal. Entramos dentro y pensamos un plan. Las granadas... eran la solución. Lanzamos una como prueba, y 3 explotaron en el acto. Yo cogí el fusil MP5 y le disparé a uno. No parecía que las balas le afectase. Perseo me dijo que intentase volar la tapa de los sesos, y tras unos intentos, conseguí abatirlo. Ájax, al ver que las balas no eran muy efectivas, cogió el hacha de cortar leña y se abalanzó al grito de "¡CABRONES!". Iba decapitando a todo el que se ponía delante suyo. Los sesos de "esos" volaban por todas partes, salpicando la hierba y las bonitas flores del paisaje. Yo opté por liberar a los caballos, que atropellaron a los últimos que quedaban en pie. Cuando la masacre acabó, Ájax estaba empapado de sangre y muy agitado, así que encendimos la caldera de leña, cocinamos y nos duchamos por turnos, dispuestos a pasar la noche en esa masía. Echándolo al azar, fue Perseo el que tendría que pasar media noche en la puerta defendiéndola de "esos". Yo me tumbé en una cómoda cama y caí rendido al sueñoOSCURIDAD
Antes de irme a dormir, iluminados por la luz de la chimenea, Ájax me explicó como habían sobrevivido tanto tiempo y por que continuaban en casa de Perseo y no se habían ido con los demás. Todo empezó una mañana en que Ájax recibió un mensaje en el móvil de su amiga afrodita en el que decía que yo había sido aplastado por un avión. Escéptico ante la posibilidad de que yo pudiese haber sobrevivido a semejante accidente, decidió ir a verme al hospital, pero no consiguió contactar con mi hermano. En aquellos momentos en la prensa hablaban de una nueva pandemia, proviniente de África, que habían habido muchos muertos en el continente negro, algún caso puntual en españa (como el que mató a mi padre) y temían que se expandiese. El virus tardaba entre 5 y 48 minutos en incubar y mostrar síntomas, que eran similares a los de la rabia: agresividad extrema, perdida de sangre vía ocular, rigidez en los músculos... la diferencia era que el cuerpo quemaba las proteínas más rápido y obtenía mayor resistencia a los ataques. El virus se contagiaba cuando la saliva, sólo la saliva, entraba en contacto con la sangre de un ser sano. Ájax llegó al hospital y vió que no le dejaban ni entrar. Llamó a Perseo y le dijo que si le acompañaba a la estación y éste acepto. En trayecto, vieron como una chica era atacada violentamente por un joven. Perseo, ex jugador de rugby, realizó un placaje al joven y consiguió separarlo de la muchacha. Al caer, la cabeza del joven impactó contra el suelo de tal manera que se separó del cuello, dejando una extensa mancha de sangre. Al levantarse y contemplar esa macabra imagen, Perseo no pudo hacer otra cosa que vomitar. Cuando ya estaba más compuesto, observo que la chica aún estaba en el suelo, empapada de hemoglobina, y con una inmensa brecha en el cuello. A pesar de que cualquier persona hubiese muerto en esas circunstancias ella se levantó... y no sólo eso. Cuando Ájax le preguntó por su estado ella comenzó a correr hacia él. Justo en el momento en el que parecía que iba a golpearlo, una bala se incrustó a gran velocidad en su cabeza. Y otra. Y otra... 6 impactos acabaron con su vida. Las balas venían de un policía, que les advirtió del peligro y les recomendó que se fuesen a casa. En la estación les dijeron que no había trenes, y que la circulación por carreteras estaba prohibida. Sin un logar donde pasar la noche en la ya de por sí insegura ciudad (sumándole los monstruos) Perseo le ofreció que podría dormir en la habitación de su hermana, que estaba de viaje de Fin de curso en Hungría. Al día siguiente las calles estaban vacías. Todo el mundo estaba o bien evacuado o bien muerto o infectado. El desolador paisaje de la ciudad donde antes vivían les animó a montar un fuerte en su casa, ya que vivía en un séptimo piso, y eso le otorgaría seguridad. La escopeta del padre de Perseo, quien había huido a Francia la tarde anterior y abandonando a su hijo con una nota que ponía:
" Ja estàs grandet. Cuidat tu solet.
amb carinyo, Francesc "
(en castellano " Ya estás mayorcito. Cuídate tu solito. Con cariño, Francesc")
estaba escondida detrás de la cisterna del lavabo, así que montaron un sistema de seguridad que consistía en que a todo lo que se acercase a la puerta, recibiría un disparo. Después de matar a 3 ancianas vecinas de Perseo accidentalmente, decidieron desmontarlo todo y optaron por irse de ese sitio. Esa mañana fueron al supermercado a por víveres... y el resto ya me lo sé....
La verdad es que afrontar las situaciones complicadas siempre es mejor acompañado de los amigos que aprecias. Este par de gili... de buenos colegas eran de lo mejorcito, y su apoyo fue crucial en las situaciones complicadas. Esta es, quizás, la mejor muestra.
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