martes, 19 de octubre de 2010

Día 13

Día 13

Me desperté... en mi habitación. El sol se filtraba por los cientos de agujeros de las persianas. Mi gato yacía a mis pies... lamiéndolos. Me duché con agua fría, contemplé durante un tiempo las lentejas, especulando la idea de comerlas... pero luego las olí... y llevaban ahí demasiado tiempo... quizás el suficiente como para provocarme una infección... y por lo visto el sistema sanitario no pasaba sus mejores tiempos. Cogí mi mochila, la vacié para dejar espacio para llenar con víveres. Cuando bajaba las escaleras con la bicicleta, recordé aquello que mencionaban los periódicos y la carta de mi madre. ¿Quienes eran "esos", los "infectados"?¿por qué se comportaban de esa manera? Subí de nuevo las escaleras y busqué la escopeta con la que a veces iba al campo a disparar a las dianas. Luego su munición y la gran y afilada cuchilla de mi abuelo. Me la puse en una funda improvisada hecha con el cuero del sofá. luego cogí al gato y lo puse en el canasto de la bici. Nos dirigimos hacia el supermercado que estaba cerca de casa. Al lado había una gasolinera, donde aproveché para llenar las cámaras de aire de las ruedas, coger unas cuantas de repuesto y unos cuantos bienes. Durante un momento pensé en saquear la caja registradora, pero luego vi un periódico que en portada indicaba que esa era la última edición, toda Europa había sucumbido ante el virus, del cual no se conocía cura. El ejemplar era gratuito. el dinero ya no servía. Ni la ley. Ni el gobierno. En aquel momento recordé a mis amigos anarquistas del ateneo. Toma anarquía. Entré en el supermercado. Curioseando entre los vinos oí un sonido. me giré. no había nadie. caminé un poco, y oí el sonido de una lata caer. me giré y me topé con el cañón de una escopeta. Luego su portador la apartó y pude ver su cara. Me resultaba familiar. Claro que me resultaba familiar. Era Ájax. Un amigo que vivía en Barcelona. Mi cuestión era... ¿que demonios hacía aquí?
-Hola chaval.
Esa era su frase introductoria. Resulta que Ájax, al enterarse de mi desafortunado accidente, decidió venir a verme. Cuando quiso regresar a su hogar, se topó con que los trenes no funcionaban y que las carreteras estaban cerradas. El país había declarado el estado de emergencia y nadie podía moverse de su ciudad. Eso fue justo un día después de la huida de mi hermano. Entonces fue a pasar la noche a casa de Perseo, donde se quedó hasta que decidieron irse a Barcelona. Estaban en el supermercado dispuestos a buscar provisiones... que originales. y... ¿donde está Perseo?, pensé yo. En el baño. lo vimos salir de tales. no se había lavado las manos. volvió para lavárselas. Una vez nos aprovisionamos de alimentos, fuimos a la tienda de motos y bicicletas. Es penoso que ninguno de los tres supiésemos conducir y tuviésemos que utilizar bicicletas. Comenzamos nuestro periplo, la primera dirección: La tienda deportiva, donde obtener tiendas, sacos de dormir y todo tipo de tonterías necesarias para sobrevivir. Entramos, como no, reventando la puerta lanzando una bicicleta. nos dividimos en dos grupos. Perseo i Ájax se encargarían de conseguir recambios y arcos. Yo me encargaría de los palos de golf y las pelotas de playa. Las tiendas de campaña y los sacos de dormir estaban en la entrada, así que no teníamos que buscarlos. Mientras observaba los bates de béisbol sentí como una mano húmeda me tocaba la espalda. Pensé que sería Perseo gastándome una broma, pero no. No era esa su voz. Me dí la vuelta. Lo primero que pensé es que era una máscara, pero no. Un ojo faltaba de su cuenca ocular, su piel estaba rajada y brotando sangre, su brazo... le faltaba un brazo, y la mitad de el otro. Se avalanzó ante mi, intentando morderme, como si tuviese un instinto asesino que hiciese que tuviese el ansia de devorarme. Sentía su putrefacto aliento. Era repugnante. Sus amarillentos y ensangrentados dientes estaban cubiertos de babas que se deslizaban por su boca. justo cuando parecía que iba a poderme ganar y destrozar mi cuello con sus fauces, oí a Ájax gritar "¡Quieto!". Luego lo que vi fue como una flecha atravesaba la cabeza de ese monstruo y su sangre me salpicaba la camiseta, la piel y el pelo. Decidimos pasar la noche allí, y por la mañana, al amanecer, partiríamos hacia Barcelona, seguramente a la casa de Perseo.

OSCURIDAD
Nunca me había parado a pensar en el poco sentido que tiene la vida. De echo nunca me había parado a pensar. Un día te levantas y el resto de la humanidad son monstruos que quieren asesinarte para comerse tus órganos. Cosas de la vida. A veces se gana y otra se pierde. Los sueños que tenía por la noche eran extraños. Sin un sentido aparente. Deimos... Fobos.. miedo y pánico es lo que veía por las noches, cuando mi mente se fundía a negro con la nada... El sueño no me reconfortaba... no tenía mucho sentido dormir.

1 comentario:

  1. La parte que más me gusta es la Oscuridad :) Es genial! Y las armas que utiliza..!
    A ver si subes más :3!

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